Creo que en la comunicación como una herramienta que no solo sirve para describir lo que ocurre, también moldea cómo entendemos el mundo, define relaciones y transforma la convivencia diaria entre individuos.
Como seres sociales estamos amarrados a la necesidad de comunicarnos todo el tiempo, y lo mismo ocurre con las empresas, que no son más que la organización planificada de personas en post de un objetivo.
Entonces, ¿Por qué no hacer de la comunicación corporativa algo consiente, intencionado y estratégico?
Durante años trabajé en comunicaciones corporativas y aprendí algo que hoy parece obvio, pero que muchas empresas todavía olvidan: tener algo valioso que decir no significa que los demás vayan a entender su valor solo porque sí. ¡Hay que saber comunicarlo!
Debemos tener claro que tener valor y ser reconocido por ello son dos cosas distintas. Como decía la Yoya, mi ex jefa en la Bolsa, hay que cacarear los huevos, pero no basta con cacarearlos, hay que saber cuándo hacerlo, dónde, a quiénes se los vamos a cacarear y saber utilizar un lenguaje que sea comprensible por aquellas audiencias a las que queremos llegar. Porque hay una diferencia enorme entre comunicar y ser realmente escuchado por quienes importan.
La comunicación estratégica no consiste en comunicar más
Acá es donde generalmente entro en discusiones. En el mundo actual, hiperconectado, lleno de ruido y con una capacidad de retención cada vez menor por parte de las audiencias, pareciera ser que la única solución es comunicar más, llenarse de más publicaciones, reels, videos. Y, honestamente, no creo que las empresas necesiten necesariamente más publicaciones, más presentaciones, más campañas o más contenido.
Muchas veces necesitan exactamente lo contrario: detenerse y entender qué vale la pena decir, a quién decirlo, por cuál medio, en qué tono y en qué estilo.
Para mí, ahí comienza la comunicación estratégica. Jamás comenzará en un comunicado, en una publicación de LinkedIn, tampoco en un brochure suelto, y definitivamente no en el “necesitamos hacer algo para redes sociales”.
Comienza mucho antes. Comienza entendiendo, porque la comunicación no es decoración.
Esta probablemente sea una de las convicciones que más profundamente atraviesa mi manera de trabajar. La comunicación no es decoración ni un recurso accesorio. Es un organismo vivo que hace que las cosas pasen.
Puede construir confianza antes de una reunión. Puede hacer comprensible una solución técnicamente compleja. Puede ayudar a un equipo a entender de qué proyecto forma parte. Puede abrir una conversación comercial. Puede instalar una idea. Puede proteger reputación. Puede transformar años de experiencia dispersa en una posición reconocible en el mercado.
Para mí la gestión ética y estratégica de la comunicación es una cuestión de credibilidad y de confianza.
Lo que dices, lo que muestras y lo que haces tienen que reconocerse entre sí.
Porque la identidad se construye en la relación entre lo que una empresa es, lo que dice, lo que muestra y la experiencia que finalmente genera.
Porque una marca sólida no solamente se ve bien. Se entiende. Se reconoce. Se recuerda. Y genera confianza.